4. CAMBIAR SIN MUTAR
Se establece la idea con el auge de la biología molecular de que la secuencia génica es algo intrínseco a cada ser con la misión de mantener en vida la integridad del organismo al que dio forma y de transmitirse a sus descendientes. Solo puede cambiarse la secuencia mediante la mutación, lo que puede ocasionar diversas consecuencias. La mutación ocurre espontáneamente debido a errores intrínsecos al propio mecanismo de replicación del ADN o por agentes externos como algunas sustancias químicas o la luz ultravioleta.
Se ha comprobado que el genoma es algo que se daña y se repara constantemente por la maquinaria proteica celular; que existen secuencias génicas que saltan de un lugar a otro del genoma y que genomas más grandes son capaces de integrar otros más pequeños (como el virus VIH). Si se cambia el orden de nucleótidos que forman la cadena de ADN estamos hablando de una mutación.
También se puede alterar el ADN con el “ambiente”, mediante alteraciones químicas sutiles en algunos nucleótidos que no interrumpen la secuencia y que pueden revertirse. Este tipo de alteraciones pueden marcar los genes con señales que digan por ejemplo: ¡no usar este gen!, señales colocadas por un tipo de proteínas y eliminadas por otras, que devuelven al gen a su estado original. Estas señales pueden fijarse y mantenerse en generaciones futuras lo que condicionaría la genética celular con la que se desarrollen los descendientes.
Comprender la estructura del ADN nos hizo entender el código de la vida, otorgando a los genes la responsabilidad de cualquier particularidad, patología o habilidad poco habitual que presentara un ser vivo en la evolución de las especies. Pero, a su vez, esto motivó la propagación de cierto determinismo genético, según el cual el destino de cada ser vivo estaba ligado a los genes que les hubiera tocado heredar.
Descubrir que los genes no dan lugar a efectos irreversibles ha ayudado a desmontar el determinismo genético: no sirve de nada tener en tu lista de la compra una determinada anotación, si no puedes leerla. De ello se encarga un nivel de regulación extra llevado a cabo por moléculas concretas que señalan o esconden los genes, marcándolos para que se activen o no. Este nivel de regulación se encuentra por encima de la propia presencia o ausencia de genes, y de ahí el nombre de epigenética.
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